
El Castillo de los Bichos recibió este nombre debido a que su fachada exterior estuvo adornada con pinturas de animales extraños. Es un orgullo del barrio porteño de Villa del Parque. Su fachada fue modificada durante los últimos ciento veinte años. Esa edificación estuvo a cargo del ingeniero Muñoz González y se terminó de construir a fines del siglo XIX. En 1906 la inmobiliaria “Guerrico y Williams” intentó ofrecer a la venta el lote, aunque el castillo ya estaba terminado. Sin embargo, nunca lograron venderlo, ya que por el barrio circulaban leyendas sobre la existencia de almas en pena, precisamente de dos jóvenes enamorados que fueron atropellados por el tren que pasaba (y pasa actualmente) a media cuadra del Castillo, donde ellos vivían. La leyenda es aun hoy repetida por los vecinos menos escépticos y supersticiosos. Más allá de su aspecto mitológico, la cuestión es que todos los emprendimientos comerciales que se llevaron a cabo fracasaron rotundamente. En una oportunidad, tuve la posibilidad de entrar al Castillo por una fiesta de gente amiga de mis padres. Yo tenía diez años aproximadamente. Recuerdo haber escuchado zapateos, sollozos y gritos. Pregunté si había otra fiesta en la planta superior. Me dijeron que no, que todo estaba abandonado en las plantas superiores. Nunca supe si era verdad o una viveza para burlar mi inocencia.




